top of page

Creatividad no es talento: es una facultad que se entrena

Actualizado: 1 abr



Diez años acompañando procesos creativos me enseñaron algo que ningún libro me había dicho con tanta claridad: la creatividad no es lo que tienes — es lo que practicas.


Hay una frase que escucho con más frecuencia de la que quisiera. La dicen personas inteligentes, sensibles, con proyectos que valen la pena y vidas que merecen ser creadas con más intención. La dicen con una convicción que me duele un poco, porque percibo todo lo que cuesta detrás: «Yo no soy creativo».

Y lo dicen como si fuera un hecho biológico. Como si hubieran nacido sin ese gen particular. Como si la creatividad fuera una especie de talento que algunos tienen y otros simplemente no.

Hoy quiero hablar de eso. No para convencerte de que sí eres creativo —aunque probablemente lo eres— sino para compartir lo que la investigación contemporánea, sumada a siete años de trabajo directo con personas en procesos creativos, me ha enseñado sobre qué es realmente la creatividad y de dónde viene.


Porque la respuesta cambia todo.


La creatividad que conocemos es solo la punta del iceberg


El problema empieza por cómo hemos definido la creatividad. En la cultura popular, la creatividad es el dominio de los artistas, los diseñadores, los músicos y — en el mejor de los casos — de algunos emprendedores con ideas brillantes. Es el destello. El talento innato. La chispa que unos tienen y otros no. Esa definición no solo es incompleta: es profundamente limitante.



"La creatividad es un potencial humano para transformar y transformarse, en base a un flujo de interacciones entre influencias externas e internas." No es lo que produces. Es la calidad de la relación entre tú y el mundo que habitas." Saturnino de la Torre — Creatividad transdisciplinar (2003)


Esta distinción es fundamental. De la Torre — uno de los investigadores más rigurosos en creatividad aplicada de las últimas décadas — no habla de producción artística ni de innovación técnica. Habla de una capacidad relacional, transformadora, que existe en potencia en toda persona. La creatividad, entendida así, no es un talento que se tiene o no se tiene. Es una facultad que se activa o se duerme.

Y esa facultad puede despertarse. Puede entrenarse. Puede crecer.



Abraham Maslow y el secreto de las personas que más viven


En la década de 1960, el psicólogo humanista Abraham Maslow hizo algo que para su época era inusual: en lugar de estudiar lo que estaba mal en las personas, decidió estudiar lo que estaba extraordinariamente bien. Observó durante años a quienes él llamaba personas autorrealizadas — aquellas que vivían con mayor sentido, salud psicológica y vitalidad.

Lo que encontró lo sorprendió. Una de las características más consistentes en ese grupo no era el coeficiente intelectual, ni el éxito social, ni siquiera la ausencia de sufrimiento. Era lo que Maslow llamó creatividad integrada.



"La creatividad integrada no es producción artística ni innovación técnica. Es el estado en que una persona percibe la realidad sin los filtros habituales del miedo, la costumbre o la comparación, y actúa desde una síntesis entre su mundo interior y el mundo que habita. Es constructiva, sintetizante y unificante." Abraham Maslow — Motivation and Personality (1973)

Hay algo en esa descripción que me parece crucial: Maslow no encontró esa creatividad integrada en artistas en particular. La encontró en madres, en científicos, en maestros, en personas que vivían sus vidas con una cierta frescura de percepción y una capacidad para actuar desde sus propios valores, aunque el mundo alrededor les ofreciera otras opciones.

La creatividad integrada, según Maslow, no es el resultado del talento. Es el resultado del autoconocimiento. Cuando una persona se conoce a sí misma — sus valores, sus patrones, sus impulsos genuinos — la creatividad emerge naturalmente, no como habilidad técnica, sino como forma de existir.

Lo que el modo automático apaga, en consecuencia, no es solo la capacidad de tener ideas nuevas. Apaga el acceso a uno mismo.




La neurociencia del estado creativo


En los últimos veinte años, la neurociencia ha aportado algo que los investigadores humanistas intuían pero no podían demostrar con tanta claridad: el cerebro tiene modos de funcionamiento distintos, y la creatividad depende de cuál esté activo.


Cuando estamos en modo de supervivencia — con el sistema nervioso en alerta crónica, la agenda saturada, el piloto automático encendido — el córtex prefrontal, responsable del pensamiento flexible y la integración de perspectivas, cede protagonismo a las estructuras cerebrales más reactivas. Es un modo altamente eficiente para responder amenazas. Es estructuralmente incompatible con la creatividad genuina.


Mihaly Csíkszentmihályi, el psicólogo húngaro que dedicó décadas a estudiar el estado de flow — esa experiencia de absorción total en lo que hacemos — documentó que el estado creativo óptimo no es de alta excitación sino de alta concentración con baja ansiedad. Es un estado de presencia, no de urgencia. Y ese estado, concluyó en décadas de investigación, puede inducirse deliberadamente a través de práctica.


«El flow no les ocurre a las personas que tienen talento. Les ocurre a las personas que practican hasta que lo que hacen deja de requerir control consciente y empieza a requerir presencia. — Mihaly Csíkszentmihályi

La práctica. No el talento. La práctica deliberada, sostenida, con atención real sobre lo que ocurre en el proceso.




Qué significa, en concreto, entrenar la creatividad


Cuando digo que la creatividad se entrena, no me refiero a hacer ejercicios de pensamiento lateral o a tomar cursos de diseño —aunque esas cosas puedan tener valor. Me refiero a algo más fundamental: entrenar la relación contigo mismo.


Porque la creatividad no está separada de ti. Está hecha de la misma materia que tu capacidad de atención, tu tolerancia a la incertidumbre, tu habilidad para observar tus propios patrones sin juzgarlos, tu disposición para empezar aunque no tengas todo claro.


En mi experiencia acompañando a personas en procesos creativos, he observado que lo que más bloquea la creatividad no es la falta de ideas. Es el ruido interno. La voz que dice «esto no vale». La urgencia de que el resultado sea perfecto antes de que el proceso haya terminado. La desconexión del cuerpo cuando estamos todo el día en la cabeza.


Entrenar la creatividad, entonces, se parece mucho a desaprender ciertos automatismos. A crear condiciones internas donde lo genuino pueda surgir. A desarrollar lo que Maslow llamaba «frescura de percepción» — la capacidad de ver lo familiar como si fuera la primera vez.

Y eso, a diferencia del talento, sí se puede trabajar.


Tres formas de empezar hoy


No necesito convencerte de que seas creativo. Lo que sí me interesa es que salgas de esta lectura con algo concreto que puedas hacer. Así que voy al grano:


Práctica mínima · 15 minutos esta semana


1. Dedica 10 minutos a escribir sin filtro. No para nadie. No para publicar. Solo para ver qué hay adentro cuando te das permiso de no controlar el resultado. Escribe cualquier cosa que venga — no importa si es «bueno».


2. La próxima vez que tengas una idea y tu primer impulso sea descartarla, anótala antes de juzgarla. Las ideas no nacen terminadas. Nacen como semillas. Anótala y sigue.


3. Observa cuándo tu energía es más clara durante el día. No cuándo deberías ser creativo según tu agenda — cuándo realmente lo eres. Aprende a proteger esas ventanas.


Una nota final


Si algo he aprendido en estos años es que la pregunta no es si eres creativo. La pregunta es qué condiciones necesitas para que tu creatividad se active. Esas condiciones son distintas para cada persona. Pero son identificables. Y una vez que las conoces, puedes construirlas.


Ese trabajo — el de conocerte como ser creativo, entender cómo funciona tu proceso y aprender a moverte con más libertad dentro de él — es exactamente lo que hacemos en la Escuela.


En mayo abrimos Rizoma:Actívate un laboratorio de cuatro encuentros diseñado para exactamente eso: activar tu energía creativa, conectar con tu propósito y construir una dirección real desde quién eres hoy. Si algo de lo que leíste hoy resonó contigo, puede ser un buen siguiente paso explorarlo. No porque yo lo diga. Sino porque lo que ocurre cuando una persona se encuentra con su propio proceso creativo — sin juicio, con curiosidad, con herramientas reales — es una de las cosas más bonitas que he podido presenciar.



Referencias

· Maslow, A. H. (1973). Motivation and Personality. Harper & Row.

· Csíkszentmihályi, M. (1990). Flow: The Psychology of Optimal Experience. Harper & Row.

· De la Torre, S. (2003). Dialogando con la creatividad. Octaedro.

· Csíkszentmihályi, M. (1996). Creativity: Flow and the Psychology of Discovery and Invention. HarperCollins.

· González-Garza, A. M. (2004). Educación holística. Kairós.





Comentarios


bottom of page