Creatividad e innovación en América Latina: lo que los datos revelan en 2024
- Adrian Rodriguez

- hace 10 horas
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Hay una pregunta que me hago con frecuencia cuando trabajo con personas de nuestra región: ¿qué significa ser creativo en un contexto donde las condiciones sistémicas todavía están construyéndose? ¿Cambia algo para el proceso creativo individual saber que tu país ocupa el puesto 56 o el 75 en un índice de innovación? ¿O la creatividad funciona al margen de todo eso?
La respuesta honesta es que funciona al margen y a la vez dentro. Al margen, porque el proceso creativo de una persona no espera a que los indicadores macroeconómicos mejoren. Dentro, porque el entorno sí da forma a las condiciones en que esa creatividad puede desarrollarse, sostenerse y conectar con otros.
Por eso me parece importante hablar de los datos. No para desanimar — los datos de la región en creatividad e innovación tienen más luces de las que se suele reconocer — sino para entender el terreno. Para saber dónde estamos, qué ha mejorado, qué sigue siendo un desafío, y qué puede hacer una persona hoy independientemente de los números.
Lo que sigue es un mapa de la creatividad e innovación en América Latina construido con las dos fuentes más sólidas disponibles: el Índice Global de Innovación 2024 de la OMPI, y los datos del Banco Interamericano de Desarrollo sobre la economía creativa en la región.
El Índice Global de Innovación: qué es y por qué importa a la región
El Índice Global de Innovación — en inglés Global Innovation Index, o GII — es el informe anual de referencia sobre innovación a nivel mundial. Lo publica la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), agencia especializada de las Naciones Unidas con sede en Ginebra. En su edición de 2024 — la 17ª desde su inicio en 2007 — evalúa 133 economías a partir de 80 indicadores organizados en siete pilares: instituciones, capital humano e investigación, infraestructura, sofisticación del mercado, sofisticación empresarial, producción de conocimiento y tecnología, y resultados creativos.
La particularidad del GII es que no mide solo resultados de innovación — patentes registradas, publicaciones científicas, exportaciones de alta tecnología — sino también las condiciones que hacen posible la innovación: la calidad de las instituciones educativas, la facilidad para acceder a financiamiento, la apertura del mercado, la inversión pública y privada en investigación. Es, en ese sentido, un índice de ecosistemas tanto como de resultados.
Para América Latina, el GII es especialmente relevante porque permite identificar con precisión dónde están las fortalezas reales de cada país y dónde están las brechas estructurales que frenan el desarrollo de la capacidad creativa colectiva. Y en la edición de 2024, el cuadro que dibuja es al mismo tiempo esperanzador en algunos aspectos e incómodo en otros.
América Latina en el GII 2024: avances reales y brechas que persisten
El Índice Global de Innovación 2024 trae una buena noticia para la región: nueve economías de América Latina y el Caribe mejoraron su posición en el ranking respecto al año anterior. Es el avance más amplio de la región en varios años.
El top cinco regional en 2024 es el siguiente. Brasil lidera con el puesto 50 del ranking global — el único país latinoamericano dentro de los cincuenta primeros del mundo — y mantiene esa posición por cuarto año consecutivo. Chile sube un lugar al puesto 51. México avanza dos posiciones al puesto 56. Colombia llega al 61 y Uruguay al 62. Costa Rica entra al top 70 global, lo que el informe destaca como un avance notable para el tamaño de su economía.
Hay datos específicos dentro del ranking que vale la pena nombrar con precisión porque son los más reveladores. México lidera globalmente en exportaciones de bienes creativos — es el país número uno del mundo en ese indicador. Chile encabeza la región en matrícula universitaria y captación de inversión extranjera directa. Colombia ocupa el puesto 18 del mundo en valoración de empresas unicornio — startups valoradas en más de mil millones de dólares. Y São Paulo es el único cluster de ciencia y tecnología de América Latina entre los cien mejores del mundo según el GII 2024.
"While these advancements are undoubtedly positive, this year's results indicate that, on average, other world regions, such as Central and Southern Asia, will soon overtake Latin America and the Caribbean in terms of innovation performance. This should serve as a call to action for policymakers in Latin America and the Caribbean to sustain and enhance their long-term innovation efforts." — Global Innovation Index 2024 — WIPO
La advertencia del GII es directa: a pesar de los avances, América Latina en promedio podría ser superada pronto por otras regiones del mundo en rendimiento de innovación. El informe señala que 41 economías a nivel global están rindiendo por debajo de sus expectativas dado su nivel de desarrollo, y la mayoría se encuentran en América Latina y el Caribe.
Las brechas estructurales más documentadas son tres. La primera es la inversión en investigación y desarrollo: la región invierte en I+D una fracción de lo que invierten las economías líderes globales. La segunda es el capital de riesgo: las inversiones de venture capital en América Latina cayeron aproximadamente un 40% en 2023, siguiendo la tendencia global pero con impacto desproporcionado en una región que depende más de ese tipo de financiamiento para desarrollar startups innovadoras. La tercera es la concentración geográfica de la innovación: con solo un cluster de clase mundial — São Paulo — la región tiene una base mucho más estrecha que Asia o Europa para construir ecosistemas de innovación sostenidos.
Algo que me parece importante destacar de estos datos: las brechas no son de talento. Son de condiciones. La región no tiene menos personas creativas — tiene menos infraestructura sistémica para que esa creatividad se convierta en innovación documentada y exportable.
La economía naranja: creatividad como sector productivo en la región
Paralelo al GII existe otra forma de mirar la creatividad en América Latina: no como factor de innovación tecnológica sino como sector económico en sí mismo. Eso es lo que el Banco Interamericano de Desarrollo lleva más de una década documentando con el concepto de economía naranja.
El término fue acuñado en 2013 por Felipe Buitrago Restrepo e Iván Duque Márquez en el libro La economía naranja: una oportunidad infinita, publicado por el BID. La definición que proponen es precisa: la economía naranja es el conjunto de actividades económicas a través de las cuales las ideas se transforman en bienes y servicios culturales y creativos, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual.
Lo que el BID ha documentado en sus informes más recientes sobre la región es significativo. En América Latina y el Caribe, las industrias culturales y creativas representan el 2,2% del PIB regional, generan ingresos de 124.000 millones de dólares anuales y emplean a casi 3 millones de personas. La mayor parte de esos empleos corresponden a mujeres y jóvenes menores de 20 años — lo que convierte al sector creativo en uno de los más inclusivos de la economía regional.
"A nivel global, las industrias culturales y creativas (IIC) representan el 3% del PIB y generan 25,9 millones de empleos, constituyendo lo que se conoce como la economía naranja. Para nuestra región, estas industrias han logrado el 2,2% del PIB y han generado casi 1,9 millones de puestos de trabajo." — Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
La brecha entre el 3% global y el 2,2% regional no es enorme — y el BID considera que tiene margen de crecimiento considerable. La región posee una riqueza cultural extraordinaria: diversidad lingüística, tradiciones artísticas profundas, música, gastronomía, artesanía, literatura, diseño. El problema históricamente ha sido la capacidad de convertir esa riqueza cultural en sector económico sostenible — y ahí es donde la política pública y el financiamiento hacen una diferencia estructural.
Colombia es el caso más citado en la región como laboratorio de economía naranja. El país fue pionero en América Latina en implementar políticas públicas específicas para las industrias creativas, con un viceministerio dedicado y legislación específica. Según datos de Procolombia citados por el BID, las exportaciones naranja colombianas llegaron a 238 millones de dólares en 2019 y siguieron creciendo incluso durante los primeros meses de la pandemia.
Un dato del BID que me parece especialmente revelador para entender el potencial de la región: durante la pandemia, las industrias creativas de América Latina aceleraron su digitalización de manera notable, pasando de ofrecer el 38% de sus servicios en formato digital al 56% en un período muy breve. Cuando las condiciones obligan, la capacidad de adaptación creativa aparece.
Lo que los datos dicen sobre el proceso creativo individual en Latam
He compartido estos datos con personas en talleres muchas veces. Y la reacción que más me interesa no es la que dice 'qué bien que Brasil esté en el top 50' ni la que dice 'qué mal que estemos tan lejos de Suiza'. La que más me interesa es la que pregunta: ¿y esto qué tiene que ver conmigo?
Algo que no esperaba cuando empecé a trabajar con este tipo de informes es que los datos macroeconómicos de innovación tienen un correlato muy directo con las dificultades que las personas en la región reportan en su proceso creativo. No como excusa — sino como contexto real.
Cuando el GII señala que la baja inversión en I+D es una de las brechas estructurales de la región, eso se traduce, a nivel individual, en menos recursos de formación accesibles, menos redes de mentores especializados, menos espacios de encuentro entre personas que trabajan en campos creativos. Cuando señala que el capital de riesgo cayó un 40% en 2023, eso se traduce en menos startups creativas que puedan ofrecer empleo o colaboración a quienes quieren vivir de su proceso creativo.
Y cuando el BID documenta que los emprendimientos creativos en la región tienen en promedio un índice de salud de 3,4 sobre 5 — siendo los de educación artística y cultural los más débiles, con 2,6 — eso se traduce en que muchas personas que quieren hacer de la creatividad su forma de vida están haciéndolo sin el sostén institucional que tienen sus pares en otras regiones.
La Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC) existe, en parte, como respuesta a ese contexto. No para reemplazar lo que falta a nivel sistémico — eso requiere políticas públicas y tiempo. Sino para crear las condiciones internas que ningún índice puede construir por ti: la capacidad de reconocer tu proceso creativo propio, entender cómo funciona, y sostenerlo con o sin el ecosistema ideal.
Porque lo que muestran también los datos, si se miran bien, es que la creatividad en América Latina existe. No como potencial abstracto — como realidad concreta. Mexico exporta más bienes creativos per cápita que muchos países europeos. Colombia tiene más unicornios creativos de lo que su PIB haría prever. Brasil tiene el único cluster de ciencia y tecnología de clase mundial de toda la región. La capacidad está. Lo que está construyéndose son las condiciones para que más personas puedan acceder a ella.
Una práctica para ubicarte en el mapa
Esta práctica no requiere que hayas leído todos los datos del artículo. Requiere que te hagas tres preguntas honestas sobre tu propio ecosistema creativo — el que tienes hoy, no el ideal.
Paso 1 · Identifica tu ecosistema (7 minutos)
Escribe durante siete minutos sin filtro en respuesta a esta pregunta: ¿con qué recursos creativos cuento hoy? No lo que me gustaría tener — lo que realmente tengo. Personas con quienes pensar en voz alta, espacios donde crear sin presión de resultado, acceso a aprendizajes que alimentan mi proceso, tiempo protegido para crear. Lo que aparezca — mucho o poco — es tu punto de partida real.
Paso 2 · Reconoce la brecha (6 minutos)
Ahora escribe: ¿qué es lo que más limita mi proceso creativo en este momento? No en abstracto — en concreto. ¿Es tiempo? ¿Es financiamiento? ¿Es aislamiento? ¿Es la falta de comunidad donde mostrar lo que estoy creando? ¿Es la narrativa interna que me dice que crear no es suficientemente productivo? Nombrar la brecha con precisión es el primer paso para trabajar con ella.
Paso 3 · Diseña un siguiente paso (7 minutos)
Por último: dado lo que tienes y lo que te falta, ¿cuál es el paso más pequeño que puedes dar esta semana para acercar tus condiciones reales a las condiciones que necesitas? No el plan completo — el siguiente paso. Uno solo. Concreto, factible, dentro de lo que está en tu control. Eso es diseño de vida creativa en su forma más esencial.
Preguntas frecuentes sobre creatividad e innovación en América Latina
¿Cuál es el país más innovador de América Latina según el GII 2024?
Según el Índice Global de Innovación 2024 publicado por la OMPI, el país más innovador de América Latina y el Caribe es Brasil, que ocupa el puesto 50 del ranking global de 133 economías, siendo el único país latinoamericano dentro de los cincuenta primeros. Le siguen Chile en el puesto 51 — subiendo un lugar respecto al año anterior —, México en el 56 — subiendo dos —, Colombia en el 61 y Uruguay en el 62.
Brasil mantiene su liderazgo regional por cuarto año consecutivo. São Paulo es el único cluster de ciencia y tecnología latinoamericano entre los cien mejores del mundo, según el mismo informe. México destaca globalmente por sus exportaciones de bienes creativos, encabezando ese indicador a nivel mundial. Colombia ocupa el puesto 18 del mundo en valoración de empresas unicornio. Nueve economías de la región mejoraron su posición en el ranking de 2024 — el avance más amplio de América Latina en varios años.
¿Qué es la economía naranja y qué peso tiene en América Latina?
La economía naranja es el conjunto de actividades económicas basadas en la creatividad, la cultura y el talento humano, cuyo valor está determinado por el contenido de propiedad intelectual. El término fue acuñado por Felipe Buitrago Restrepo e Iván Duque Márquez en su libro La economía naranja: una oportunidad infinita, publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo en 2013.
En América Latina y el Caribe, según datos del BID, las industrias culturales y creativas representan el 2,2% del PIB regional, generan ingresos de 124.000 millones de dólares y emplean a casi 3 millones de personas — la mayoría mujeres y jóvenes menores de 20 años. A nivel global, las mismas industrias representan el 3% del PIB mundial y generan 25,9 millones de empleos. Colombia es el país pionero en la región en implementar políticas públicas específicas para este sector, con un viceministerio dedicado a la creatividad y la economía naranja.
¿Por qué América Latina tiene una brecha de innovación respecto a otras regiones?
El GII 2024 identifica varias causas estructurales. La primera es la baja inversión en investigación y desarrollo: la región invierte en I+D una fracción significativamente menor de su PIB en comparación con las economías líderes. La segunda es la caída del capital de riesgo: las inversiones de venture capital en la región cayeron aproximadamente un 40% en 2023, siguiendo la tendencia global pero con impacto especialmente pronunciado en economías emergentes. La tercera es la concentración geográfica de la innovación: São Paulo es el único cluster de ciencia y tecnología latinoamericano entre los cien mejores del mundo.
El propio GII 2024 advierte que, a pesar de los avances de nueve economías regionales, el promedio de América Latina y el Caribe podría ser superado pronto por regiones como Asia Central y del Sur en términos de rendimiento de innovación. El informe hace un llamado explícito a los diseñadores de políticas de la región para sostener y ampliar sus esfuerzos de innovación a largo plazo.
¿Qué puede hacer una persona creativa en Latam para desarrollar su proceso?
Los datos del GII y el BID muestran que la brecha de innovación en América Latina es real pero no es de talento — es de condiciones sistémicas. Eso significa que el proceso creativo individual no depende de resolver esa brecha para comenzar. Lo que sí está disponible para cualquier persona en la región es desarrollar las condiciones internas que la investigación identifica como determinantes: capacidad de generar ideas diversas, tolerancia a la ambigüedad, apertura al error como parte natural del proceso, y conexión con una comunidad donde el proceso pueda retroalimentarse y crecer.
La Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC) trabaja específicamente con esas condiciones a través de procesos como Rizoma: actívate — cuatro encuentros para reconectar con la energía creativa propia, entender cómo funciona el proceso individual y construir una dirección desde quien se es hoy. La creatividad en América Latina no espera — y tampoco necesita hacerlo.
Los datos de innovación en América Latina cuentan una historia compleja: una región con talento real, con sectores creativos que crecen, con países que suben en los rankings — y al mismo tiempo con brechas estructurales que todavía frenan que más personas puedan vivir de su proceso creativo.
Lo que más me ha sorprendido al trabajar con estos números es que la narrativa que más circula sobre la creatividad en la región es la más incompleta. Se habla mucho de lo que falta y poco de lo que ya está. México exporta más bienes creativos per cápita que muchos países europeos. Colombia tiene más unicornios de lo esperado. Brasil tiene el único cluster de clase mundial de toda la región. La creatividad latinoamericana no está esperando condiciones ideales — está creando en las que tiene.
Rizoma: actívate nació de esa misma convicción. Cuatro sábados para trabajar con lo que tienes, desde donde estás. Para entender tu propio proceso creativo y construir una dirección que tenga sentido hoy — no cuando los índices mejoren.
→ Conoce Rizoma: actívate — https://www.escuelaentrenamientocreativo.com/rizoma
Adrián Rodríguez · Director · Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC)

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