El 21 de abril y la historia del Día Mundial de la Creatividad e Innovación
- Adrian Rodriguez

- hace 5 días
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Hay una fecha en el calendario que debería importarnos más de lo que nos importa. No es un día de descanso, ni el cumpleaños de un líder histórico, ni el aniversario de una batalla. Es un día que la humanidad se dedicó a sí misma para recordar algo que tiende a olvidar cuando la vida se vuelve rutinaria: que somos seres que crean.
El 21 de abril es el día mundial de la creatividad e innovación
Y la pregunta que me hago cada vez que llega este día no es cómo celebrarlo — sino por qué existe. Quién lo pensó. Qué problema intentaba resolver. Qué visión del ser humano hay detrás de la decisión de dedicarle un día completo en el calendario oficial de las Naciones Unidas.
Cuando miro hacia atrás en mi propio proceso como educador creativo, encuentro que ese contexto — la historia de por qué este día existe — es exactamente lo que más necesita escuchar alguien que duda de su propia capacidad creativa. No una técnica. No un ejercicio. Una historia que diga: esto importa tanto que hubo personas que dedicaron años a conseguir que el mundo la reconociera oficialmente.
Eso es lo que quiero compartir hoy. La historia completa del día mundial de la creatividad e innovación, los datos que lo respaldan, las voces de quienes han dedicado su vida a entender de qué se trata esto — y al final, una sola práctica para celebrarlo de una manera que tenga sentido real.
Por qué existe un día mundial dedicado a la creatividad e innovación
Todo empieza en Toronto, Canadá, en el año 2001. Marci Segal — consultora especializada en creatividad e innovación, formadora y activista cultural — observó algo que le parecía un problema serio: la creatividad era celebrada en museos, en conferencias de tecnología, en discursos empresariales, pero rara vez en la vida cotidiana de las personas comunes. Era algo que se admiraba desde fuera, no algo que se vivía desde adentro.
Segal decidió crear un movimiento. Llamó al 21 de abril el Día de la Creatividad e Innovación, y comenzó a promoverlo en Canadá como una celebración ciudadana. La idea era simple y poderosa al mismo tiempo: un día al año en que individuos, comunidades, escuelas y organizaciones se detuvieran a pensar cómo usar nuevas ideas para hacer el bien.
Durante los años siguientes, el movimiento fue creciendo de forma orgánica. Lo que empezó como una iniciativa local canadiense comenzó a resonar en otros países. Educadores, empresas, artistas y activistas de distintas partes del mundo adoptaron el concepto. La fecha fue acumulando visibilidad, eventos y reflexiones en múltiples idiomas.
El salto definitivo llegó en 2017. El 27 de abril de ese año, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución A/RES/71/284, mediante la cual declaró oficialmente el 21 de abril como el Día Mundial de la Creatividad y la Innovación. La primera celebración global bajo el paraguas oficial de la ONU ocurrió el 21 de abril de 2018.
"La creatividad y la innovación son factores clave en el progreso humano. Son la fuente de las ideas que permiten a las personas y a las sociedades adaptarse a los cambios y encontrar nuevas maneras de prosperar."— Resolución A/RES/71/284 — Asamblea General de las Naciones Unidas, 2017
La decisión de la ONU no fue arbitraria. Estaba inscrita en un marco mucho más amplio: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. La lógica era clara — y es la misma que justifica el trabajo de la Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC): los desafíos más graves del siglo XXI no pueden resolverse con las mismas formas de pensar que los generaron. El cambio climático, la pobreza estructural, la desigualdad, la crisis de salud mental — ninguno de estos problemas tiene solución dentro del pensamiento habitual. Necesitan creatividad. Necesitan personas capaces de imaginar lo que todavía no existe.
Por eso el día importa. No como celebración festiva. Como recordatorio de que la creatividad no es un lujo cultural reservado para artistas y científicos. Es una necesidad humana. Y cuando se atrofia — en individuos, en organizaciones, en sociedades — todo lo demás se vuelve más difícil.
Lo que la ciencia dice sobre la creatividad humana
Algo que he visto muchas veces en los talleres es la sorpresa de las personas cuando descubren que la creatividad tiene una historia científica sólida detrás. Que no es solo un concepto romántico. Que hay décadas de investigación rigurosa que explican qué es, cómo funciona y — lo más importante — que puede desarrollarse.
El punto de partida más citado es el discurso presidencial que Joy Paul Guilford pronunció en 1950 ante la Asociación Americana de Psicología. En ese discurso, Guilford señaló algo que parece obvio hoy pero que en su momento fue disruptivo: la creatividad no es lo mismo que la inteligencia. Es una función cognitiva diferente, medible, y completamente ignorada por la psicología de la época. Guilford propuso el concepto de pensamiento divergente — la capacidad de generar múltiples respuestas a un problema, de explorar sin cerrar, de ir en varias direcciones simultáneamente — como el núcleo de la capacidad creativa.
"Estoy convencido de que la creatividad es una de las habilidades más importantes que los seres humanos pueden poseer, y es hora de que la psicología se tome en serio su estudio."— Joy Paul Guilford — Discurso presidencial APA, 1950
A Guilford le siguió Paul Torrance, quien pasó décadas diseñando y aplicando los primeros test de creatividad utilizados en contextos educativos. Sus hallazgos fueron incómodos para el sistema escolar: los niños llegan a la escuela con niveles muy altos de creatividad, y esos niveles caen de forma consistente a medida que avanzan en el sistema educativo. Torrance llamó a este fenómeno el cuarto grado de caída — un descenso pronunciado que se produce alrededor de los 9 o 10 años, cuando la presión por la respuesta correcta empieza a dominar el aprendizaje.
Torrance también documentó algo esperanzador: que la creatividad puede recuperarse. Que las condiciones adecuadas — presencia, permiso para equivocarse, tiempo sin estructura — pueden reactivar esa capacidad en adultos que creen haberla perdido para siempre.
"La creatividad no puede ser destruida completamente. Puede ser suprimida, reprimida y mal dirigida, pero si se le da la menor oportunidad, emergerá de alguna manera."— Paul E. Torrance — The Nature of Creativity as Manifest in Its Testing (1988)
Mihaly Csikszentmihalyi aportó una perspectiva diferente y complementaria. Su estudio del estado de flujo — esa experiencia de absorción total en una actividad donde el tiempo desaparece y el esfuerzo se siente sin esfuerzo — reveló que los momentos más creativos no ocurren bajo presión ni con alta exigencia externa. Ocurren cuando hay un equilibrio preciso entre el desafío de la tarea y las habilidades de quien la realiza, en un estado de atención plena que no puede forzarse pero sí puede diseñarse.
Y Abraham Maslow llegó a una conclusión que resume todo lo anterior desde la perspectiva del desarrollo humano: la creatividad no es el privilegio de los genios. Es la característica de las personas más autorrealizadas, independientemente de su campo. Lo que Maslow llamó creatividad primaria — esa frescura de percepción que permite ver lo ordinario como si fuera la primera vez — es accesible para cualquier ser humano que haya recuperado contacto con su proceso interior.
Tres datos concretos que me parecen especialmente relevantes para hoy. Un estudio de la Universidad de Adobe publicado en 2016 reveló que el 75% de las personas encuestadas en cinco países consideraba que no estaba alcanzando su potencial creativo. Al mismo tiempo, el 85% coincidía en que la creatividad es importante para el desarrollo económico de sus países. La brecha entre lo que se valora y lo que se vive es enorme.
La consultora McKinsey & Company identificó en un informe de 2023 que la creatividad y el pensamiento crítico son las habilidades más difíciles de automatizar y las más demandadas en contextos de alta incertidumbre. No es un concepto romántico — es una ventaja real en un mundo que cambia más rápido de lo que cualquier sistema educativo puede preparar.
Y según el informe Global Creativity Index de Martin Prosperity Institute, los países con mayor índice de creatividad — medido en talento, tecnología y tolerancia — muestran consistentemente mayor prosperidad económica, mayor bienestar social y mayor capacidad de recuperación ante las crisis.
Cómo este día vive en tu proceso creativo
Cuando descubrí la historia del Día Mundial de la Creatividad e Innovación, lo que más me movió no fue la declaración de la ONU. Fue el hecho de que todo empezó con una persona — Marci Segal — que observó un problema, imaginó una solución que no existía, y dedicó años a construirla desde cero. Eso es, exactamente, creatividad. No la creatividad de los genios. La creatividad ordinaria y extraordinaria al mismo tiempo que está disponible para cualquiera que decide usarla.
Algo que no esperaba cuando empecé a trabajar con este principio es que las personas que más se resisten a llamarse creativas suelen ser las que más creatividad han ejercido en su vida. La han ejercido al criar a sus hijos de maneras que nadie les enseñó. Al sobrevivir situaciones difíciles encontrando salidas que no estaban en ningún manual. Al construir relaciones, proyectos, carreras que no existían como modelo previo.
El problema no es que no sean creativas. Es que tienen una definición de creatividad que no las incluye. Una definición que la asocia con el arte, con la originalidad espectacular, con el talento innato. Y cuando esa definición falla, la persona concluye que el problema es ella — no la definición.
"La creatividad integrada no es producción artística ni innovación técnica. Es el estado en que una persona percibe la realidad sin los filtros habituales del miedo, la costumbre o la comparación, y actúa desde una síntesis entre su mundo interior y el mundo que habita."— Abraham Maslow — Motivation and Personality (1973)
La Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC) parte exactamente de esa distinción. No enseñamos a tener ideas más originales. Trabajamos para que cada persona pueda reconectar con su proceso creativo propio — ese proceso que ya existe, que ya ha funcionado, pero que se ha ido cubriendo de capas de exigencia, de comparación, de miedo al juicio.
El 21 de abril no es un día para producir algo. Es un día para recordar. Para preguntarte cuándo fue la última vez que creaste algo — una solución, una conversación, una forma diferente de hacer algo cotidiano — y sentiste que estabas exactamente donde debías estar.
Una práctica para celebrar el 21 de abril de otra manera
La práctica que propongo para hoy no requiere materiales ni preparación previa. Requiere quince minutos y un cuaderno — o incluso solo las notas de tu teléfono.
Paso 1 · Recuerda (5 minutos)
Escribe sin filtro la respuesta a esta pregunta: ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo de una manera que no habías hecho antes? No tiene que ser grande. Puede ser una receta que inventaste, una ruta diferente que tomaste, una forma de decir algo difícil que encontraste en el momento. Anota lo que venga — sin juzgar si cuenta como creatividad o no.
Paso 2 · Reconoce (5 minutos)
Ahora pregúntate: ¿qué necesitaste para hacer eso? ¿Qué parte de ti entró en juego — curiosidad, observación, paciencia, intuición, riesgo? Nómbralo. Ese es tu proceso creativo. No el de un artista famoso. El tuyo.
Paso 3 · Imagina (5 minutos)
Por último: ¿dónde en tu vida actual hay un problema que todavía no tiene solución, una situación que pide algo diferente, algo que quieres que exista y no existe? Escríbelo. No busques la respuesta ahora — solo nombra la pregunta. Eso ya es el inicio del proceso creativo.
Esta práctica no resuelve nada en quince minutos. Pero sí hace algo más importante: te muestra que el proceso ya estaba ahí. Que la pregunta correcta no es si eres creativo — sino en qué condiciones tu creatividad emerge con más facilidad.
Preguntas frecuentes sobre el día mundial de la creatividad e innovación
¿Cuándo y por qué se creó el Día Mundial de la Creatividad e Innovación?
El Día Mundial de la Creatividad e Innovación se celebra cada 21 de abril. Su origen es ciudadano: en 2001, Marci Segal, consultora canadiense especializada en creatividad, inició en Toronto un movimiento para visibilizar la importancia de la creatividad en la vida cotidiana. La iniciativa fue creciendo de forma orgánica durante años, ganando adhesión en distintos países, hasta que en 2017 la Asamblea General de las Naciones Unidas la reconoció oficialmente mediante la Resolución A/RES/71/284. Desde el 21 de abril de 2018, es una fecha oficial del calendario de la ONU.
La elección de incluirla en el sistema de la ONU no fue casual: la creatividad y la innovación fueron identificadas como condiciones necesarias para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. La ONU reconoció que los grandes problemas globales del siglo XXI no tienen solución dentro de las formas de pensar habituales. Requieren nuevas ideas, nuevas combinaciones, nuevas formas de hacer las cosas. El 21 de abril es el recordatorio anual de que esa capacidad existe en cada persona.
¿Qué relación tiene la creatividad con el desarrollo sostenible según la ONU?
La Organización de las Naciones Unidas establece una relación directa entre creatividad, innovación y desarrollo sostenible. Su argumento central es que los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 solo pueden alcanzarse si las personas y las instituciones desarrollan su capacidad de generar ideas nuevas y de implementarlas de manera efectiva.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha documentado que los países con mayor capacidad de innovación muestran indicadores más altos en educación, salud y bienestar. La ONU sostiene que la creatividad no es un privilegio de artistas o científicos: es una capacidad ciudadana que debe cultivarse desde la infancia y a lo largo de toda la vida, en todos los contextos sociales y económicos.
¿Es la creatividad una habilidad innata o se puede desarrollar?
La respuesta de la investigación científica es contundente: la creatividad no es un rasgo innato. Es una capacidad humana que puede desarrollarse, entrenarse y ampliarse a lo largo de la vida, en cualquier contexto y a cualquier edad.
Joy Paul Guilford demostró en 1950 que la creatividad es una función cognitiva independiente de la inteligencia general, centrada en el pensamiento divergente: la capacidad de generar múltiples soluciones ante un problema abierto. Paul Torrance documentó que esta capacidad puede recuperarse incluso después de haber sido suprimida por el sistema educativo. Mihaly Csikszentmihalyi identificó las condiciones específicas que permiten a cualquier persona acceder a su capacidad creativa óptima. Y Abraham Maslow mostró que la creatividad más profunda emerge del autoconocimiento, no del talento.
La Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC) basa todo su trabajo en esta premisa: la creatividad no se descubre en quienes la tienen. Se reconecta en quienes la perdieron de vista. Y el proceso de reconexión es accesible para cualquier persona con disposición genuina a mirar hacia adentro.
¿Cómo puede alguien que no se considera creativo celebrar el Día Mundial de la Creatividad?
La mejor manera de celebrar el Día Mundial de la Creatividad e Innovación no es producir una obra. Es hacer una pregunta: ¿cuándo fue la última vez que hice algo de una manera diferente a la habitual? Cualquier persona que haya resuelto un problema sin manual, que haya encontrado un camino propio en una situación difícil, que haya inventado una solución cuando no había ninguna disponible, ha ejercido su creatividad.
El problema no suele ser la ausencia de creatividad. Es una definición demasiado estrecha de lo que cuenta como creatividad. Cuando esa definición solo incluye el arte, la tecnología o la ciencia espectacular, la mayoría de las personas queda fuera — aunque hayan sido profundamente creativas en su vida cotidiana.
La Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC) propone para este día una práctica concreta: dedicar quince minutos a un inventario creativo personal. Recordar algo que hiciste de una manera que no habías hecho antes. Reconocer qué parte de ti lo hizo posible. E imaginar dónde en tu vida actual hay algo que todavía está esperando una idea nueva. Eso es suficiente. El proceso creativo no empieza con una obra terminada — empieza con una pregunta que todavía no tiene respuesta.
El 21 de abril existe porque alguien creyó que la creatividad importa lo suficiente como para que el mundo le dedique un día. Y detrás de esa decisión hay décadas de investigación que confirman algo que tal vez ya intuías: que crear no es un privilegio de algunos — es la forma más específicamente humana de responder al mundo.
Lo que más me ha sorprendido a lo largo de estos años de trabajo con personas en procesos creativos es que el obstáculo rara vez es la falta de ideas. Casi siempre es la falta de un espacio — interior y exterior — donde esas ideas puedan aparecer sin ser juzgadas antes de tiempo.
Rizoma: actívate es ese espacio. Un proceso de cuatro encuentros diseñado para reconectar con tu energía creativa, entender cómo funciona tu proceso propio y construir una dirección desde quien eres hoy. Si el 21 de abril te movió algo, puede ser un buen momento para explorarlo.
→ Conoce Rizoma: actívate — https://www.escuelaentrenamientocreativo.com/rizoma
Adrián Rodríguez · Director · Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC)




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