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Homo creativus: el concepto del Nobel Joel Mokyr que redefine quiénes somos


En octubre de 2025, la Real Academia Sueca de Ciencias otorgó el Premio Nobel de Economía a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por haber explicado el crecimiento económico impulsado por la innovación. Era el reconocimiento más alto de la profesión a décadas de trabajo sobre una pregunta que parece simple y no lo es: ¿por qué algunas sociedades prosperan de manera sostenida mientras otras se estancan?

La respuesta de Mokyr, construida a lo largo de más de treinta años de investigación, no apunta al petróleo, ni al capital, ni a las instituciones en sentido estrecho. Apunta a algo más profundo y más difícil de medir: la creatividad. La capacidad humana de generar conocimiento nuevo, de imaginar lo que todavía no existe y de convertirlo en algo que transforma el mundo.


Y para nombrar esa capacidad, Mokyr introdujo un concepto que no ha recibido toda la atención que merece: homo creativus. Una propuesta que no es solo económica sino filosófica, y que tiene implicaciones directas para cualquier persona que trabaje con sus ideas hoy.


En este artículo voy a explorar de dónde viene ese concepto, qué argumenta exactamente, cómo se relaciona con el trabajo más amplio de Mokyr que le valió el Nobel, y por qué creo que es uno de los marcos más útiles para entender qué está en juego cuando decidimos desarrollar nuestra capacidad creativa.



Quién es Joel Mokyr y por qué el Nobel 2025 importa


Joel Mokyr nació en Leiden, Países Bajos, el 26 de julio de 1946, y se crio en Israel. Es profesor Robert H. Strotz de Artes y Ciencias y profesor de economía e historia en la Universidad Northwestern, en Chicago. También ocupa la cátedra Sackler en la Escuela de Economía Eitan Berglas de la Universidad de Tel Aviv.


Es, por formación y por vocación, un historiador económico. Su pregunta central ha sido siempre la misma a lo largo de todas sus obras: ¿qué hace que las sociedades puedan escapar de la trampa malthusiana — ese ciclo en que el crecimiento económico siempre es absorbido por el crecimiento de la población, manteniendo a la mayoría en subsistencia — para entrar en un proceso de prosperidad sostenida?


La respuesta que construyó, a través de libros como The Lever of Riches (1990), The Gifts of Athena (2002), The Enlightened Economy (2009) y A Culture of Growth (2016), es consistente: las sociedades que lograron ese salto no fueron las que tenían más recursos naturales ni las más grandes geográficamente. Fueron las que cultivaron la creatividad tecnológica — la capacidad de generar conocimiento útil, de entender por qué las cosas funcionan, y de construir sobre ese entendimiento de manera acumulativa.


"El trabajo de los laureados demuestra que el crecimiento económico no puede darse por sentado. Debemos preservar los mecanismos que subyacen a la destrucción creativa, para no caer de nuevo en el estancamiento."— John Hassler, presidente del Comité del Premio en Ciencias Económicas — anuncio del Nobel de Economía 2025


El comité del Nobel reconoció específicamente a Mokyr por haber identificado los prerrequisitos para el crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico. Su contribución más original fue demostrar que para que las innovaciones se sucedan en un proceso autogenerativo, no basta con saber que algo funciona — se necesita una comprensión científica de por qué funciona. Esa distinción entre conocimiento prescriptivo (cómo hacer) y conocimiento proposicional (por qué funciona) es la base de todo su argumento histórico.


Homo economicus: el modelo que explicó todo y dejó algo fuera


Para entender qué propone Mokyr con homo creativus, hay que entender primero a quién está respondiendo: al homo economicus, el agente de la economía clásica.

Homo economicus es la figura que Adam Smith, Jeremy Bentham y sus sucesores colocaron en el centro de la ciencia económica: un ser racional, auto-interesado, que maximiza su utilidad dentro de un conjunto de restricciones dadas. No actúa por impulso ni por empatía ni por capricho — actúa calculando qué opción le conviene más dado lo que tiene disponible.

Este modelo fue extraordinariamente útil. Explica el funcionamiento de los mercados, los incentivos, los precios, el comercio. Ha sido el fundamento de dos siglos de teoría económica. Y también tiene una limitación que el propio modelo no puede ver: describe perfectamente cómo los humanos se comportan dentro del mundo que ya existe. Pero no puede explicar cómo los humanos crean mundos que antes no existían.


Homo economicus optimiza. Pero no inventa. No descubre leyes de la naturaleza. No diseña máquinas de vapor ni desarrolla vacunas ni compone sinfonías ni imagina instituciones que antes no habían existido. Esas cosas requieren algo cualitativamente diferente a la maximización de utilidad dentro de un conjunto de restricciones dado: requieren generar conocimiento nuevo.


Homo creativus: la contrapropuesta de Mokyr


En 1990, en el prefacio de The Lever of Riches, Mokyr escribió algo que los economistas y los historiadores suelen citar pero que raramente se explora en toda su profundidad. Refiriéndose a los grandes inventores e innovadores de la historia — desde Montgolfier hasta Westinghouse, desde Beethoven hasta Watt — escribió que tanto economistas como historiadores reconocen que existe una diferencia profunda entre homo economicus y homo creativus.


"En cierto nivel, nos quedamos sin palabras ante el milagro del genio humano. No podemos 'explicar' los descubrimientos en la mente de un Montgolfier o un Westinghouse más de lo que podemos explicar lo que ocurrió en la cabeza de Beethoven cuando escribió la Eroica. Economistas e historiadores reconocen por igual que existe una diferencia profunda entre el homo economicus y el homo creativus."— Joel Mokyr — The Lever of Riches: Technological Creativity and Economic Progress (Oxford University Press, 1990)

La distinción que Mokyr señala no es moral ni intelectual. No está diciendo que unos sean mejores que otros. Está señalando una diferencia funcional fundamental: homo economicus trabaja dentro de las restricciones del mundo que existe. Homo creativus genera el conocimiento para cambiar esas restricciones.


Homo economicus encuentra el camino más eficiente entre dos puntos. Homo creativus descubre que hay una tercera dimensión que ninguno de los dos puntos alcanzaba. Homo economicus optimiza los recursos disponibles. Homo creativus genera los recursos que antes no estaban disponibles.


Desde la perspectiva de la historia económica que Mokyr construyó a lo largo de décadas, esta distinción lo explica todo. Las sociedades que prosperaron de manera sostenida — Europa occidental desde la Revolución Industrial, en particular Gran Bretaña en los siglos XVIII y XIX — no lo hicieron porque sus agentes económicos fueran mejores optimizadores. Lo hicieron porque cultivaron las condiciones para que homo creativus pudiera operar con libertad y con acumulación.


The Lever of Riches: creatividad como motor de la historia económica


El libro donde Mokyr desarrolla con más amplitud este argumento es The Lever of Riches, publicado en Oxford University Press en 1990. Su título en castellano — La palanca de la riqueza. Creatividad tecnológica y progreso económico (Alianza, 1993) — ya anuncia su argumento: la creatividad tecnológica no es un ornamento del crecimiento económico. Es su palanca.


Mokyr construye su caso a lo largo de un recorrido histórico extraordinariamente ambicioso: desde la Antigüedad clásica hasta la víspera de la Primera Guerra Mundial, comparando China y Europa, la Edad Media y el Renacimiento, Gran Bretaña y el Continente. Su pregunta en cada caso es la misma: ¿por qué algunas sociedades fueron más tecnológicamente creativas que otras?


Lo que encuentra desmonta varios mitos populares. El mundo clásico greco-romano, a pesar de su sofisticación intelectual, fue relativamente estéril en términos tecnológicos. La Europa medieval — considerada habitualmente una era oscura — estuvo repleta de invenciones. China, que lideró al mundo en innovación tecnológica durante siglos, entró en un período de estancamiento precisamente cuando sus instituciones intelectuales empezaron a considerar que todo el conocimiento relevante ya había sido descubierto.

La conclusión de Mokyr es que la creatividad tecnológica no florece en los vacíos. Florece en condiciones específicas. Y esas condiciones son tanto culturales como institucionales.


Las tres condiciones que hacen posible al homo creativus


A partir de su investigación histórica y de la síntesis que desarrolló para el Nobel, Mokyr identifica tres prerrequisitos para que homo creativus pueda operar de manera sostenida en una sociedad. Los tres son simultáneamente necesarios — ninguno solo es suficiente.

La primera es el conocimiento útil. Mokyr distingue dos tipos de conocimiento que se complementan: el conocimiento proposicional — entender por qué las cosas funcionan, las leyes de la naturaleza, los principios científicos — y el conocimiento prescriptivo — saber cómo hacer las cosas, las técnicas y los procedimientos. La Revolución Industrial no fue posible cuando las personas solo sabían cómo hacer cosas. Fue posible cuando empezaron a entender por qué funcionaban, lo que les permitió mejorarlas de manera sistemática y construir sobre cada descubrimiento.


El comité del Nobel resumió esta contribución de Mokyr con precisión: demostró que si las innovaciones han de sucederse en un proceso autogenerativo, no solo necesitamos saber que algo funciona — necesitamos explicaciones científicas de por qué funciona. Sin ese por qué, cada invención es un callejón sin salida. Con él, cada invención es un punto de partida.


La segunda condición es la competencia institucional. Las instituciones que protegen la propiedad intelectual, que permiten el intercambio libre de ideas, que no penalizan el error o la heterodoxia, que financian la investigación sin exigir retorno inmediato. Mokyr demuestra históricamente que las sociedades donde las instituciones dominantes castigaban la desviación del conocimiento establecido — donde la innovación era interpretada como herejía o como amenaza al orden — fueron las que se estancaron. La Ilustración europea fue revolucionaria no principalmente en sus ideas filosóficas sino en el entorno institucional que creó: un espacio donde la curiosidad podía ejercerse sin riesgo existencial.


La tercera es la apertura a la diversidad. Mokyr encuentra una y otra vez en la historia que las sociedades más tecnológicamente creativas fueron las más abiertas a personas de orígenes, tradiciones y perspectivas distintas. No porque la diversidad sea un valor abstracto — sino porque la diversidad de perspectivas produce colisiones de ideas que ninguna perspectiva homogénea puede producir sola. Los grandes centros de innovación de la historia — el Renacimiento italiano, la Amsterdam del siglo XVII, la Londres del siglo XVIII, el Silicon Valley del siglo XX — fueron todos lugares de extraordinaria mezcla cultural.





La República de las Letras: la primera comunidad creativa de la modernidad


Una de las aportaciones más originales de Mokyr es la descripción de la República de las Letras — la red transnacional de intelectuales, científicos, filósofos y artesanos que existió en Europa entre los siglos XVI y XVIII — como el primer ecosistema moderno de innovación.

La República de las Letras no era una institución formal. Era una red de correspondencia — miles de cartas entre pensadores de toda Europa, compartiendo descubrimientos, cuestionando supuestos, refutando hipótesis, construyendo sobre el trabajo de otros. Era, en esencia, la primera comunidad de práctica científica a escala continental.


Lo que Mokyr argumenta es que esta red fue la condición de posibilidad de la Revolución Industrial. No porque produjo directamente las invenciones del vapor o el textil — sino porque creó el ambiente intelectual donde el conocimiento podía circular, acumularse y conectarse entre campos distintos. Un fabricante de máquinas en Manchester podía beneficiarse del trabajo de un matemático en París y de un astrónomo en Praga sin haberse conocido jamás.


"La invención no ocurrió porque los europeos fueran más creativos que otros. Más bien, los europeos construyeron un marco sistemático que les permitió tanto comprender la naturaleza como manipularla con fines económicos."— CEPR — Knowledge, technology, and growth: Joel Mokyr, Nobel laureate (2025)

Esta distinción es crucial: los europeos del siglo XVIII no eran más creativos que los chinos o los árabes o los indios de la misma época. Tenían condiciones diferentes. Condiciones que hicieron posible que la creatividad individual se convirtiera en progreso colectivo acumulativo.



Lo que homo creativus dice sobre tu proceso creativo hoy


Cuando leí por primera vez el concepto de homo creativus en las páginas finales del capítulo 3 de The Rise of the Creative Class de Richard Florida — donde Florida lo retoma de Mokyr para argumentar que estamos presenciando su emergencia como tipo dominante — sentí que nombraba algo que había observado repetidamente en el trabajo con personas en la Escuela.

Hay personas que llegan al proceso creativo como homo economicus: calculando el retorno antes de invertir el esfuerzo, buscando la solución más eficiente dentro del mapa de lo que ya existe, sin atreverse a imaginar que el mapa podría ser diferente. No es una crítica — es una respuesta racional a un mundo que ha premiado durante siglos la optimización sobre la creación.


Y hay personas que, cuando encuentran las condiciones adecuadas — el espacio, la comunidad, el permiso para explorar sin resultados garantizados — empiezan a operar desde otro lugar. No optimizan el mundo que existe. Generan conocimiento sobre un mundo que podría existir. Ese salto no es de talento. Es de condiciones.


Las tres condiciones que Mokyr identifica a escala social tienen su equivalente exacto a escala individual. El conocimiento útil — entender no solo cómo hacer las cosas sino por qué funcionan, qué hay detrás de los propios procesos, qué principios subyacen a la propia forma de crear. La competencia institucional — el entorno interior y exterior que protege el proceso, que permite el error, que no exige retorno inmediato, que da tiempo de incubación al conocimiento que todavía no tiene forma. Y la apertura — la tolerancia a lo diferente, a la perspectiva que desafía la propia, a la incomodidad de lo que todavía no encaja.


La Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC) trabaja con estas tres condiciones. No como conceptos teóricos — como prácticas concretas que una persona puede cultivar en su vida cotidiana. Porque homo creativus, como argumenta Mokyr, no es un tipo especial de persona. Es la capacidad que cualquier persona tiene cuando sus condiciones lo permiten.


Una práctica para actuar desde homo creativus


Esta práctica está inspirada directamente en las tres condiciones de Mokyr. Requiere aproximadamente veinte minutos y una disposición genuina a ir más allá de la optimización habitual.


Paso 1 · Identifica cuándo creaste conocimiento útil (7 minutos)


Piensa en un momento reciente en que generaste algo que no existía antes — no necesariamente un producto o una obra, sino un entendimiento nuevo. Un momento en que comprendiste por qué algo funciona de una manera que antes no habías comprendido. Una conexión entre dos ideas que no habías visto antes. Una solución que no estaba en ningún manual. Escribe ese momento con detalle: ¿qué lo hizo posible? ¿Qué condiciones estaban presentes? ¿Qué parte de ti entró en acción que normalmente está dormida?


Paso 2 · Examina tus condiciones (7 minutos)


Mokyr identificó que las sociedades creativas necesitan conocimiento útil, instituciones favorables y apertura a la diversidad. Tradúcelo a tu escala: ¿tienes acceso al conocimiento que necesitas para entender por qué funciona lo que haces — no solo cómo? ¿Tu entorno — personas, espacios, rutinas — protege o inhibe tu proceso creativo? ¿Cuánta apertura tienes a las perspectivas que cuestionan tu manera de ver? Escribe lo que encuentres sin juzgar — solo con honestidad.


Paso 3 · Abre una conexión (6 minutos)


La República de las Letras funcionaba por correspondencia — el intercambio de ideas entre personas de contextos distintos. ¿Con quién no estás en conversación que podría enriquecer tu proceso creativo? No un mentor perfecto ni un colaborador ideal — alguien con una perspectiva diferente a la tuya, que trabaja en un campo distinto, que ve el mundo desde un ángulo que el tuyo no alcanza. Escribe el nombre de esa persona o el tipo de perspectiva que te falta. Eso es el primer paso hacia tu propia República de las Letras.




Preguntas frecuentes sobre homo creativus y Joel Mokyr


¿Qué es homo creativus según Joel Mokyr?


Homo creativus es un concepto propuesto por Joel Mokyr en el prefacio de The Lever of Riches: Technological Creativity and Economic Progress (Oxford University Press, 1990). Mokyr lo introduce para señalar que existe una diferencia profunda entre el ser humano que optimiza dentro de los límites existentes — homo economicus — y el ser humano que transforma esos límites a través de la creatividad y la generación de conocimiento nuevo.

La cita original del texto es: 'Economists and historians alike realize that there is a deep difference between homo economicus and homo creativus.' Mokyr la usa para reconocer que la creatividad humana genuina — la que produce descubrimientos tecnológicos, científicos y culturales radicalmente nuevos — no puede explicarse dentro del modelo del agente racional maximizador. Es una capacidad cualitativamente diferente, con sus propias condiciones y su propia lógica.


¿Cuál es la diferencia entre homo economicus y homo creativus?


Homo economicus, el agente de la economía clásica, maximiza su utilidad dentro de un conjunto de restricciones dado. Es un optimizador: trabaja con lo que hay para obtener el mejor resultado posible dentro de lo que ya existe. Homo creativus, en cambio, genera el conocimiento para cambiar las restricciones mismas. No optimiza el mundo que existe — produce el conocimiento para que exista un mundo diferente.

Mokyr demuestra históricamente que las sociedades que prosperaron de manera sostenida son las que cultivaron condiciones para que homo creativus pudiera operar: instituciones abiertas a nuevas ideas, redes de intercambio de conocimiento, y apertura a la diversidad de perspectivas. Estas condiciones no reemplazan a homo economicus — lo complementan. Las economías más dinámicas son aquellas donde la optimización y la creación coexisten y se retroalimentan.


¿Por qué le dieron el Nobel de Economía 2025 a Joel Mokyr?


El Premio Nobel de Economía 2025 fue otorgado a Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt por haber explicado el crecimiento económico impulsado por la innovación. Mokyr recibió la mitad del premio, específicamente por haber identificado los prerrequisitos para el crecimiento sostenido a través del progreso tecnológico.

Su contribución esencial fue demostrar, con evidencia histórica detallada, que para que las innovaciones se sucedan en un proceso autogenerativo, las sociedades necesitan no solo saber que algo funciona sino comprender científicamente por qué funciona. También identificó que las condiciones culturales e institucionales — apertura a nuevas ideas, libertad intelectual, redes de intercambio de conocimiento — son tan importantes como los factores económicos convencionales para explicar el crecimiento sostenido. Sus libros The Lever of Riches (1990) y A Culture of Growth (2016) son las obras centrales de ese argumento.


¿Cómo se aplica homo creativus al desarrollo personal creativo?


Mokyr identifica tres condiciones que hacen posible a homo creativus a escala social: conocimiento útil (entender por qué, no solo cómo), instituciones favorables a la innovación (entornos que protegen el proceso y permiten el error), y apertura a la diversidad (tolerancia a las perspectivas que desafían las propias). Las tres condiciones tienen un equivalente directo a escala individual.


La Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC) trabaja con esas tres dimensiones: desarrollar el conocimiento sobre el propio proceso creativo, construir las condiciones internas y externas para que ese proceso pueda operar con libertad, y cultivar la apertura — la tolerancia al caos, al error, a lo que todavía no tiene forma — que es, según Mokyr, indispensable para que el conocimiento genuinamente nuevo pueda surgir. Homo creativus no es un tipo especial de persona. Es la capacidad que cualquier persona tiene cuando sus condiciones lo permiten. Y esas condiciones pueden construirse.


En octubre de 2025, el mundo reconoció formalmente lo que Joel Mokyr había argumentado desde 1990: que la creatividad no es un ornamento de la economía. Es su palanca. El motor que ha sacado a la humanidad de la trampa del estancamiento una y otra vez a lo largo de la historia.


Homo creativus no es un elogio al genio individual. Es el reconocimiento de que la creatividad es una capacidad humana que florece en condiciones específicas — y que construir esas condiciones, a cualquier escala, es uno de los actos más consecuentes que una persona o una sociedad puede emprender.


Eso es lo que más me importa de todo el trabajo de Mokyr cuando lo miro desde la experiencia de acompañar procesos creativos: que las condiciones no son un lujo. Son la diferencia entre el potencial que permanece dormido y el potencial que se convierte en algo real.


Rizoma: actívate es, en su escala, un intento de crear esas condiciones. Cuatro sábados para entender cómo funciona tu proceso creativo propio, qué necesita para operar con libertad, y qué dirección tiene sentido construir desde quien eres hoy.




Adrián Rodríguez · Director · Escuela de Entrenamiento Creativo Consciente (EECC)






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